El trastorno bipolar y la adolescencia

El trastorno bipolar y la adolescencia

El trastorno bipolar se reconoce con relativa facilidad cuando aparece una fase maníaca. Sin embargo, en muchos casos eso no es así. En muchas fases de la enfermedad, las fases depresivas son predominantes, y pueden conducir a diagnósticos erróneos. Esto es especialmente importante durante la adolescencia, dónde es difícil identificar los cambios de humor en una época ya complicada de por sí.

Para poder tratar el trastorno bipolar, es necesario en primer lugar que un psiquiatra o psicólogo hagan el diagnóstico, y esto puede llevar años. Lamentablemente no existe ninguna prueba médica que permita diagnosticar esta enfermedad de forma fiable, y tan solo es posible hacerlo mediante un seguimiento por parte del médico a lo largo de cierto tiempo.

Los problemas se agravan al tratar con adolescentes, ya que los síntomas no siempre coinciden con los de los adultos. Cuando los jóvenes no son diagnosticados correctamente, el trastorno puede empeorar, y a menudo pueden acabar con problemas de drogas o detenidos en un centro de menores.

El diagnóstico en la pubertad es difícil y a menudo se confunde con otras enfermedades que causan trastornos del ánimo y la conducta, como el estrés postraumático, la esquizofrenia o el déficit de atención con hiperactividad.

Para hacer un buen diagnóstico, el psiquiatra o psicólogo deberá observar los patrones de comportamiento del adolescente. Además, tendrá también en cuenta el historial del paciente y de su entorno familiar. Por otro lado, es aconsejable también hablar con familiares y amigos, que a menudo pueden aportar más información sobre el comportamiento del paciente.

El problema con los adolescentes reside en que la mayoría experimentan cambios de humor debido a los cambios hormonales, y muchas veces es difícil para la familia ver dónde acaban los comportamientos típicos de la adolescencia y empieza el verdadero problema.

Una vez diagnosticado, al adolescente le espera un largo camino por delante. El trabajo no ha hecho más que empezar, y en esa complicada época de su vida tendrá que aprender a lidiar también con un trastorno que le acompañará, no solo en su adolescencia, sino el resto de su vida.

La medicación ayuda, pero hay muchas conductas que ayudan a sobrellevarlo mucho mejor. Cambiar los hábitos de vida no se consigue de un día para otro, y no a todo el mundo le ayudan las mismas cosas, pero en general, intentar reducir el estrés, comer y dormir bien, hacer ejercicio e intentar seguir unos horarios pueden ser el complemento perfecto.

En muchos casos, el paciente se siente solo frente al mundo. En algunas personas, tener un grupo de apoyo cerca puede ser de gran ayuda.

Es importante que la familia colabore lo máximo posible y esté atenta a cualquier síntoma que pueda indicar que se acerca una crisis. La mayoría de veces, los familiares y amigos notan estos cambios antes que el propio paciente, y una detección a tiempo permite intervenir y evitar malos mayores.

La tasa de intentos de suicidio entre jóvenes con trastorno bipolar es mucho mayor que en adultos, de modo que el hecho de tener una buena red de apoyo se convierte en un factor decisivo en estos casos.