Retrato del escritor bipolar. ¿El Trastorno Bipolar era su inspiración?

Durante siglos no tuvo nombre. Era la enfermedad silenciosa, el mal secreto que se disfrazaba de depresión, paranoia o locura y que era mejor ocultar. Pero el trastorno bipolar existe y el escritor bipolar, también, y es devastador: escritores como Tolstoi, Balzac, Faulkner, Hemingway, Virginia Woolf, Tennessee Williams, Juan Ramón Jiménez o José Agustín Goytisolo sufrieron sus embates con desesperación, a menudo hasta la muerte. En realidad, su nombre exacto da igual: hoy sabemos que el transtorno bipolar sólo es una pirueta formal concebida en los libros de psiquiatría. Es la antigua psicosis maníaco-depresiva, pero con un nombre que infunde menos temor y rechazo. El Cultural visita a algunos de sus más ilustres enfermos literarios, sabiendo que existen muchas historias silenciadas, demasiadas, aún por descubrir.
 

El escritor bipolar

El escritorbipolar, solo estaba demente o era maníaco-depresivo.

José Agustín Goytisolo, Leopoldo M. Panero, Hemingway, Juan Ramón, Pedro Casariego o David Foster Wallace son algunas víctimas de la enfermedad

Aunque se desconoce la etiología de la enfermedad, hay un relativo consenso en cuanto a que se trata de un desorden bioquímico, con origen genético y hereditario, pero con desencadenantes externos. La angustia, la ansiedad o una experiencia traumática, pueden desencadenar un brote y desembocar en el suicidio. El 20 por ciento de los enfermos se quita la vida y al menos un 50 por ciento lo intenta. La lista de escritores, músicos y pintores que se despidieron del mundo con un trágico estampido o un gesto silencioso desborda cualquier estimación superficial.

Hemingway es uno de los casos más conocidos. Hijo de un padre suicida, conservó la pistola que le dejó huérfano durante toda su vida. Con un humor oscilante, que le hacía transitar de la euforia y la temeridad a cierta misantropía, el 2 de julio de 1961 se voló la cabeza con una escopeta de dos cañones.

La herida de Sylvia Plath

Su nieta Margaux prefirió el fenobarbital y escogió una fecha simbólica: el 1 de julio de 1996. Al igual que su abuelo, sufría depresiones y se refugiaba en el alcohol. No está de más señalar que el autor de El viejo y el mar padecía un insomnio obstinado que sólo se apaciguaba con la luz. La luz es un potente antidepresivo en muchos bipolares, pues mejora su estado de ánimo y les ayuda a experimentar una tibia esperanza.

El suicido de Sylvia Plath reúne todas las características de las tragedias griegas. El 11 de febrero de 1963, después de largas depresiones y anteriores intentos de suicidio, se levantó en su piso de Londres y preparó el desayuno a sus hijos. Después, abrió el horno de la cocina e introdujo la cabeza, abriendo las espitas de gas. Separada de Ted Hughes, había soportado un invierno de soledad y privaciones que exacerbó sus tendencias autodestructivas. Al principio consideró que alquilar el apartamento donde había vivido W. B. Yeats representaba apostar por la vida, pero la herida que estragaba su alma permanecía abierta desde que perdió a su padre a los nueve años. En sus sobrecogedores y bellísimos Diarios, ya había anotado en julio de 1950: “Quizá nunca llegue a ser feliz, pero esta noche estoy contenta”. En 1957, no se apreciaba ningún cambio esperanzador: “He estado dando tumbos por ahí, lúgubre, oscura, desolada, enferma. Si supero este año será la victoria más grande que haya alcanzado nunca”. En 1959, las cosas no han mejorado: “Mi cabeza es un batallón de problemas”. Eso sí, parece que la infelicidad es el estímulo principal de sus Diarios: “Sólo escribo aquí cuando estoy en un callejón sin salida”. En mayo de 1961, se interrumpen los Diarios, pero el 16 de octubre de 1962 escribe, refiriéndose a su asombroso poemario Ariel, compuesto en pocas semanas, presumiblemente en pleno brote de manía: “Soy una escritora de genio; se me ha concedido el don. Estoy escribiendo los mejores poemas de mi vida, los que me harán famosa…”.

Tal vez Virginia Woolf es el caso más célebre de escritora bipolar, acosada sin tregua por la enfermedad. La inminencia de una nueva crisis hizo que el 28 de octubre de 1961 se encaminara al río Ouse con los bolsillos llenos de piedras. Se dejó arrastrar por la corriente y no se recuperó su cuerpo hasta el 18 de abril. Su marido enterró sus cenizas al pie de un árbol en Rodmell, Sussex. Virginia dejó una conmovedora nota: “Siento que voy a enloquecer de nuevo. Sé que esta vez no me recuperaré (…). No puedo luchar más. Ni siquiera puedo escribir esto adecuadamente. No puedo leer. Lo que quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Si alguien podía haberme salvado habrías sido tú. Todo lo he perdido excepto la certeza de tu bondad”.

No menos dramático es el caso de David Foster Wallace, que se ahorcó el 12 de diciembre de 2008, con 46 años. El narrador y ensayista que poetizó sobre el malestar de un tiempo donde los medios audiovisuales se han constituido en criterio de realidad, propiciando la deshumanización y la disgregación social, luchó durante dos décadas contra una bipolaridad con predominancia de las tendencias depresivas. Durante mucho tiempo, la fenelzina le mantuvo estable, pero los efectos secundarios (disquinesias faciales, inhibición sexual, sobrepeso, pérdida de reflejos) le hicieron abandonar la medicación. Al poco de interrumpir el tratamiento, la depresión regresó con toda su ferocidad. Se ensayaron nuevos tratamientos, sin conseguir una remisión. Finalmente, venció la tristeza, sembrando la consternación entre sus amigos y familiares, que contemplaron su muerte con una mezcla de estupor, rabia y fatalismo. Franzen, Zadie Smith y Don DeLillo hablaron en un homenaje póstumo, lamentando la pérdida del cronista esencial de la posmodernidad.

En nuestro país, la bipolaridad ha afectado a figuras como José Agustín Goytisolo, Pedro Casariego, Leopoldo María Panero, Luis Martín Santos y Juan Ramón Jiménez. Es difícil establecer un diagnóstico en el caso de Juan Ramón, pero su ansiedad generalizada, su hipocondría, su tendencia al aislamiento, sus brotes de emotividad, sus crisis depresivas y su obsesión por la muerte, inducen a pensar que la bipolaridad es una explicación posible de un carácter difícil y propenso al conflicto. Luis Cernuda le dedicó unas palabras poco compasivas, acusándole de ser una especie de Mr. Hyde, pero Cernuda no parece el más indicado para hablar de equilibrio y voluntad de conciliación. En la época de Juan Ramón, no se hablaba de bipolaridad, sino de neurosis, pero yo me atrevería a afirmar que su neurosis hoy se diagnosticaría como trastorno bipolar, sin excluir otras patologías concomitantes. Pedro Casariego, escritor, poeta y pintor, hermano de Martín y Nicolás Casariego, escogió el 8 de enero de 1993 para arrojarse a las vías del tren en la estación de Aravaca. Dos días antes había considerado concluida su obra gráfica y literaria al finalizar Pernambuco, el elefante blanco, un cuento concebido como un regalo para su hija Julieta. “Mordido por un tren hambriento”, dejó el recuerdo de “un artista misterioso, intrigante, insólito”, según Ángel González. Su padre, el poeta Pedro Casariego H. Vaquero, le describió como “un raro, con virtudes poderosas, como la honestidad, el estoicismo, la austeridad y la clarividencia”. Creo necesario mencionar que, según Juan Ramón, “el poeta no es un filósofo, sino un clarividente”.

El loco egregio

Leopoldo María Panero es el loco egregio de nuestras letras, que nunca ha ocultado su desorden interior. Nacido en Madrid en 1948, sufrió la primera hospitalización psiquiátrica en 1970. Más adelante, ingresaría por propia voluntad en las unidades de psiquiatría de Mondragón y Las Palmas de Gran Canaria. Maldito, provocador, iconoclasta, incrédulo, aficionado al alcohol y enamorado de la heroína durante una década, su poesía brota de un desafío permanente a la razón, que no acepta las reglas del pensamiento lógico aplicadas al lenguaje, la vida o la moral. Su clarividencia convive con su progresiva desintegración personal. Aunque los médicos diagnostican esquizofrenia, no puede descartarse un trastorno esquizoafectivo de tipo bipolar. A fin de cuentas, las últimas investigaciones sostienen que el trastorno bipolar y la esquizofrenia proceden de una causa común: una expresión defectuosa de los genes encargados de la producción de mielina en el sistema nervioso central.

En el ámbito de las letras hispanoamericanas, podríamos citar a Alejandra Pizarnik, que paralizó su corazón con 50 pastillas de secobarbital, uno de los barbitúricos empleados por Marilyn Monroe en su “probable suicidio”. Se cree que Pizarnik sufría Trastorno Límite de la Personalidad, una alteración psicológica que incluye inestabilidad afectiva, sentimientos de vacío e inutilidad, parasuicidios (autolesiones), irascibilidad. El diagnóstico diferencial atribuye a cada patología unos rasgos propios, pero reconoce que algunas enfermedades mentales pueden concurrir conjuntamente y admite que el Trastorno Límite de la Personalidad puede interpretarse como el umbral de la bipolaridad. Pizarnik escribió: “Siniestro delirio amar una sombra./La sombra no muere./Y mi amor/sólo abraza lo que fluye/como lava del infierno”. No es una mala descripción del tormento interior de los bipolares. Ni la esquizofrenia ni el trastorno bipolar se caracterizan por una doble personalidad que sólo existe en las ficciones cinematográficas.

Rompehielos contra el cerebro

¿Se puede convivir con el trastorno bipolar? Faulkner, Tennessee Williams, Twain, Tolstoi, Dickens, Hermann Hesse, Gorki, Schubert, Beethoven, Stevenson o Balzac lo consiguieron, no sin pagar un notable tributo de sufrimiento. Van Gogh, Schumann, Kurt Cobain, Cesare Pavese o Pier Angeli no fueron tan afortunados. Un brote de manía es como un rompehielos que embiste contra el cerebro. Durante largas noches de insomnio, las ideas crepitan como un bosque en llamas. La depresión es un atardecer interminable. Sientes que las horas no existen, que deambulas por un vacío perfecto. La muerte no es una intrusa. Es un pequeño claro donde te reencuentras con el paraíso.

No hago literatura. Convivo con esta enfermedad desde 1996 y conozco todos sus estadios. En ese tiempo, he logrado desarrollar una actividad razonable como crítico literario y docente. Mi hermano Juan Luis no tuvo tanta suerte. Se suicidó en 1982. ¿Hay alguna relación entre el trastorno bipolar y la creatividad? La manía imprime un ritmo vertiginoso al cerebro, favoreciendo la aparición de ideas y asociaciones, algunas completamente irracionales, pero que en el terreno de la poesía son verdaderas fulguraciones.

No es nada extraño que Van Gogh creara cerca de 900 obras en diez años, con interrupciones provocadas por las crisis depresivas. ¿Significa eso que el sufrimiento es el precio del arte? ¿Se equivocaba Nietzsche al afirmar que “el dolor nos hace profundos”? ¿Tenía razón Hölderlin cuando aseguraba que “sólo merecen el nombre de arte las obras capaces de expresar la experiencia del dolor”? La vida no comercia con transacciones de esta naturaleza. Nadie escoge el dolor, pero el artista bipolar, cercado por la inestabilidad, la desolación y la muerte, nos hace pensar que algunos hombres nacen -a su pesar- con un destino.

Publicado por: Rafael NARBONA

Fuente: http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/30598/Retrato_del_escritor_bipolar

8 comentarios

  1. MARCELA   •  

    encontre tu blog y todavia no decido muy bien que pensar de la enfermedad, porque todavia no logro distinguir, donde esta el bien y donde esta el mal, hace poco me diagnoticaron ser maniaco-depresiva a raiz de un episodio que tuve, personalmente ahora que hace un dos meses ke tomo la medicacion y ya no percibo las cosas como antes, extraño ese estado, esta bien, no podia leer y mis pensamientos se iban con los ruidos, pero realmente pense haber alcanzado el cielo, y por lo general no soy creyente, tiendo mas bien a racionalizar todas las cuestiones, pero ahora dudo y siento la carcel quimica, que me trae otra vez a donde no quiero estar, entonces, ¿de que sirve “estar normal”, de que sirve ser conciente de una “enfermedad” que se puede confundir con genialidad, medicarse para ser uno mas, infeliz, preso de la cultura que todo el tiempo te exige que consumas, que seas igual, que seas normal?

    • admin   •     Autor

      Puedes pensar lo que desees pero cuando vives una larga travesía en el desierto llamada depresión, que deseas borrarla para siempre más. La genialidad puede deberse a la manía (ayudado con periodos de depresión) pero tú puedes elegir si deseas vivir en lo que consideras cárcel de la química o vivir con este desequilibrio químico impuesto cuando naces y te haces porque no me negarás que el desequilibrio existe. Si hubieras visto que la cosa era normal no te hubieras autoconvencido sobre poner “remedio” a dicho desequilibrio. Pero si te soy sincero, viviría en una manía permanente pero por desgracia, sé que no funciona así y puedo hacerme daño y hacer “daño” a los demás, por ello quiero ser uno más, mejor sin la guerra química.

      • MARCELA   •  

        vivi, esa travesia, estuve dos años encerrada sin casi salir de mi casa, escuchando como los demas me decian que era una vaga, que no hacia nada, me entere hace dos meses de la enfermedad, siempre me considere a mi misma como una gran neurotica, repasando en mi cabeza todas las conversaciones, planeando discursos, pensandome simpre como una gran tonta, en cierta medida que te digan que no es tu culpa los arranques violentos es liberador, pero la medicacion a mi me quito la paz que habia alcanzado finalmente, podia disfrutar del mundo de los cuadros, de los aromas, los podia percibir antes de eso nunca me habia detenido en nada, hasta la musica, lo juro podia ditinguir los instrumentos por separado, la psiquiatra me dijo que eso se llama disociacion, yo ademas confieso, le asignaba un significado a cada ruido, pero volvi sola volvi hablando, lo unico que me asustaba era sentir que esa sin miedos, sin culpas, esa que habia roto las barreras de la represion, no era yo, yo que naturalmente soy triste, la medicacion en cierta medida me saco del paraiso. entonces moldearse quimicamente para pertenecer, ser “normal” ,seguir la norma que me esta quitando?

        • admin   •     Autor

          Es cierto lo que dices y dices cosas que me suenan mucho. Yo tengo cosas que también echo de menos, pero vi que no me compensaba todo aquello si estaba mal o hacía sufrir a mis seres queridos, por eso acepté el querer estar “medicado”.

          Somos libres, en parte, de tomar nuestro camino pero te he de decir que esta enfermedad, no tratada, empeora. Aunque puedes elegir tu misma, si quieres seguir el tratamiento o no te merece la pena. Es algo que nadie te obliga a primeras, a no ser que tu familia o gente de alrededores te presione y te presionen para ello. Eso es otro tema.

          No sé. Es una cuestión difícil. Lo malo es que te quiten lo “bueno” y persista lo “malo”. Pero si lo deseas, puedes seguir como estabas antes, eso si, respetando unas normas de convivencia, que es el fin de la sociedad. Si no, me temo que seríamos carne de psiquiátrico o como tú dices, “no normal”.

          Un saludo y cuídate!

  2. EDGARDO   •  

    HOY ME ACABO DE ENTERAR QUE SOY BIPOLAR GRADO 2 YES MUY DIFICIL DE ENTENDER LO QUE ME PASA PERO LEYENDO OTRAS ESPERIENCIAS DE VIDA ME DAN FUERZAS PARA LUCHAR Y SEGUIR MEJORANDO LA CALIDAD DE VIDA TENGO O TENIA UNA HERMOSA FAMILIA Y LA ENFERMEDAD Y EL COMPORTAMIENTO HERRONEO ME LLEVO A PERDER TODO AMO A MI MUJER Y MIS DOS HIJITOS POR MOMENTOS NO SE PARA DONDE IR GRASIAS POR ESCUCHARME Y SI ME PUEDEN AYUDAR CON PALABRAS AGRADESERIA EL COMENTERIO ES DURO PERO ADELANTE SOMOS UNICOS GRASIAS

    • admin   •     Autor

      No puedo añadir nada que no te he dicho antes. Es una enfermedad jodida y hay que luchar mucho más que el resto. Con el tiempo, irás “conociéndote”, es como si empiezas de 0.

    • admin   •     Autor

      🙂 Me alegro que así sea. Espero que no decaiga (por motivos obvios) y que gane en calidad. Todos saldremos ganando.

      Gracias, me reconforta a seguir adelante con el proyecto.